Antoine Sartre muere atropellado en la estación de metro de Denfert Rochereau en París. La policía francesa concluye de forma apresurado que ha sido un suicidio. Lejos están de imaginar que este hecho luctuoso está relacionado de forma directa con la colisión del Alejandría y el Mesana en aguas del estrecho de Gibraltar unos meses atrás.

Jacinto Reyes, perito especializado en accidentes marítimos, cincuentón, bebedor, recién divorciado y un tanto escéptico con lo que le pueda deparar la vida, es enviado para tasar los desperfectos producidos en el Mesana. Lo que parecía a priori una investigación rutinaria se complica de manera espectacular por la aparición de una red mafiosa que intentará ocultar un secreto que atesora uno de los barcos implicados. Sin embargo no va ser éste su mayor reto porque en ese viaje, en el que regresa a la ciudad en la que pasó su juventud, tendrá que enfrentarse a una mujer a la que conoce demasiado bien, Alicia.

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domingo, 23 de septiembre de 2012

Los precios de la novelas en Amazon

Lo primero, antes de entrar en faena, es decir que mi intención en esta primera entrada no es discutir sobre la calidad literaria de las obras que se encuentran en el Top 100 de Amazon. Ni mucho menos, mi único interés es, digámoslo así, hacer un análisis sobre las políticas de ventas que llevan algunos colegas en esa plataforma.Si os tomáis la molestia de repasar la dichosa lista de los más vendidos comprobaréis que exceptuando a los más consagrados, todos los demás autores venden sus obras por un precio casi simbólico que oscila entre menos de un euro y dos. Mi pregunta es bien sencilla, hasta que punto es lícito degradar tu trabajo de años hasta esos precios irrisorios. Soy consciente de que el argumento a favor es muy simple, si no pongo esas tarifas no estaría ni loco en esas posiciones, pero si tu intención es que te lean y darte a conocer, no sería mejor ofrecerla gratis. Yo personalmente no pienso infravalorar  lo que me ha costado años y años de duro trabajo, de un trabajo que me ha quitado tiempo de estar con la familia y que me ha acarreado algún que otro problema. Me parece que al lector, al que compra en Amazon se le está dando una idea equivocada, como si nuestras obras fueran basura, como si el oficio de escritor no valiese nada y fuera tan solo un pasatiempo de gente aburrida. Dignifiquemos nuestra vocación señores y no hagamos competencia desleal. A alguien se le pasa por la cabeza que un abogado te cobre un euro por llevarte una demanda de divorcio o ni tan siquiera un zapatero por arreglarte una botas. Nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, ¿vale menos?



Os pongo ahora enlaces a las últimas reseñas de Agua sucia.

Mis lecturas y más cositas

Entre montones de libros

No dejéis de leer los sustanciosos comentarios.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Reseñas de Agua sucia en varios blogs

 Ya han aparecido las primeras reseñas de Agua sucia en los blogs que se apuntaron a la lectura conjunta organizada por Caminando entre libros. Quedan varias por aparecer pero estoy bastante satisfecho de las opiniones que han vertido los lectores, en general bastantes positivas. Me ha llamado mucho la atención la multitud de comentarios, se ve que se está generando un interés más que aceptabel. Una cosa me ha sorprendido muy gratameente y es que el personaje principal, Jacinto, es visto de muchas formas distuntas, desde quien lo considera un tipo amargado y fracasado a quién lo ve con un tono más optimista y le cae simpático y le hace esbozar alguna que otra sonrisa. Vamos que, como cualquier persona de carne y hueso es poliédrico y tiene fans y detractores. Mi opinión me la reservo porque soy el padre de la criatura y lo que tenía que decir ya lo dije.

Caminando entre libros

Leer es viajar

Las lecturas de Pakiko

Musas cuenteras

Los libros de Kayla

Marilu cuenta libros

miércoles, 8 de agosto de 2012

AGUA SUCIA GRATIS

Tenéis la oportunidad de leer mi novela Agua sucia gratis. Tan solo tenéis qu apuntaros a la lectura conjunta que organiza el blog Caminando entre libros. Os dejo el enlace para que os informeis de las bases. Animaros porque se van a sortear cinco novelas y casi seguro que os toca.
http://caminandoentrelibros.blogspot.com.es/2012/08/lectura-conjunta-de-agua-sucia.html



lunes, 6 de agosto de 2012

domingo, 15 de julio de 2012

IMPRESIONES TRAS VARIOS MESES DE VENTA DE AGUA SUCIA EN INTERNET

  Mi pequeño "best seller" ha cumplido ya unos meses de venta en internet. Lo ha publicado la editorial Leer-e así que no tengo acceso a las ventas, pero no hay que se un lince para darse cuenta de que todavía no me he hecho millonario y que las descargas deben de haber sido muy poquitas.
 La verdad es que esperas con mucha ilusión el momento de ver publicado tu trabajo para después darte cuenta de que no eres ni tan siquiera una gota de agua en este océano inmenso (o un grano de arena en un desierto, que lo mismo da)  que es la red y es que te falta de todo para poderla promocionar. Lo primero que se te ocurre es recurrir a lo único que tienes a mano, las redes sociales, pero pronto te das cuenta de que en esos ámbitos a lo más que llegas es a un "Me Gusta" y poco más. Y te sientes impotente porque crees en lo que has escrito (no solo yo si no también mi agente y las pocas personas que la han leído y han dejado buenos comentarios) y piensas que tiene calidad y que es una pena que pase desapercibido y no llegue a un público más amplio. Como no soy de desfallecer he pensado en realizar una lectura conjunta en un blog y en ello ando. Si hay más ideas admito sugerencias. No me vale bajarle el precio actual de 5,99 euros a uno casi simbólico de menos de uno. Como he dicho es solo la editorial la que puede hacer eso, y reconozco que a menos precio las descargas aumentan exponencialmente, no hace mucho lo pude leer en el blog de Blanca Miosi, que en estas cosas es una auténtica autoridad.
 Una segunda cosa que quería comentar, más que comentar preguntar es si alguien ha conseguido enterarse como se confecciona el famoso ranking de los más vendidos de Amazon. Yo después de mucho estudiarlo he llegado a la conclusión de que en su elaboración no solo se utiliza el número de descargas y que hay otros factores que influyen y que desconozco, aunque sospecho que el tiempo transcurrido entre descarga y descarga no es un dato menor. Si alguno de vosotros conoce algo más le agradecería la información.
En fin, que es domingo y mi familia me exige ir a la playa y no puedo escribir más, mi hija está a punto de desconectar el ordenador, pero antes de que ejecute esa deplorable acción decir solo una cosa, que no desfallezco y que hay que tener paciencia, poco a poco quizás me vaya ganando a los lectores y quien sabe si algún día no veo Agua sucia en las librerías.
Un saludo

sábado, 7 de julio de 2012

Reseñas Literarias.: Agua Sucia, de Antonio Rodríguez del Castillo

Cooloco el enlace a Reseñas Literarias

Reseñas Literarias.: Agua Sucia, de Antonio Rodríguez del Castillo:   Agua Sucia Antonio Rodríguez del Castillo LEER-E 2006 ISBN 9788415551775 Sinopsis  Antoine Sartre muere atropellado en la estac...

domingo, 22 de abril de 2012

2º CAPÍTULO DE AGUA SUCIA

  Siguiendo las indicaciones de Blanca Miosi pongo este segundo capítulo para que os hagáis mejor idea de la novela.



                                                                 I
                                                                                                                                                                                                                                  
                                          21 años después.

            Barcelona, lunes 12 de noviembre de 2007.                                                  
                    

Una hora antes de la salida, el tren-hotel “Antonio Machado”, para el que había reservado billete, se encontraba en la vía que le habían asignado. Desde el vestíbulo bajé a los andenes de la estación de Sants por unas escaleras automáticas y recorrí la composición hasta llegar a  la cabecera. Una locomotora de la serie “252” sería la encargada de remolcarnos durante la larga y oscura noche. Soy un enamorado de los ferrocarriles, no en vano pertenezco a la Agrupament Ferroviari de Barcelona donde en el salón principal disponemos de una maqueta a escala H0 de esta impresionante máquina que, créanme, ha desarrollado un papel  crucial tanto en el desarrollo de la alta velocidad en España  como en los hechos verdaderos que pretendo contarles.




El indiscutible arranque de esta historia tuvo lugar esa misma mañana de primeros de noviembre. Tras mi separación hacía unos meses de Montserrat Padilla, la Montse, mi esposa durante los últimos diecisiete años, vivía en Sant Cugat en la que fue casa de mis padres hasta que fallecieron. Desde allí me tenía que desplazar a diario en coche a Barcelona donde trabajo como perito en Etenrnty Lux, compañía puntera en el sector de la tasación de accidentes marítimos. Aquel día un accidente provocado por la incesante lluvia me mantuvo retenido en la autovía un par de horas. Soy un maniático de la puntualidad,  por eso me supo mal tener que entrar casi a escondidas en la empresa para que no se percataran del retraso.  Aparentemente así fue hasta que sobre la dos de la tarde la secretaria de Don Justo, mi jefe, me comunicó que me presentase ante él a la menor brevedad posible. Con presteza me acompañó por unos pasillos que desembocaban en una salita, donde unos magníficos butacones forrados en piel, muy mullidos, me esperaban para engullirme en sus entrañas al sentarme. Durante los dos o tres minutos que permanecí en aquel lugar presté atención a las paredes en donde estaban colgados unos retratos al óleo de directivos de la empresa posando en actitud distendida y cordial; me resultó extraño porque me constaba que más de uno de ellos era un hijo de puta. Volvió  la secretaria que me señaló una puerta de madera noble, más noble sin duda la madera que la propia compañía en la que trabajaba. La abrí y entré en un despacho que al menos debía de tener los mismos metros cuadrados, cocina y cuarto de baño incluidos, que el apartamento donde vivieron durante toda su vida mis padres.



Los vagones de tren tienen todos una particularidad, no pertenecen a ningún lugar, en esto se asemejan a los barcos que como el Mesana me esperaba al final del trayecto. De siempre he estado convencido que subir a uno de ellos no es un acto intranscendente, al contrario, para mí tiene analogías con pisar tierra de nadie. Es por eso por lo que hice firme propósito de dejar la amargura y el fracaso que habían sido mi vida al otro lado de la frontera; en los andenes de la estación. Despojado de ese lastre me sentí ungido de una extraña felicidad ya que tan solo pensaba en olvidar y disfrutar sin mirar atrás.
   Una señorita con uniforme me solicitó el billete y me acompañó al compartimiento que me había correspondido, el número cuatro, me entregó la tarjeta electrónica para abrir la puerta y se volvió para atender a nuevos clientes. Dispuse mis cosas de mala manera y me senté a mirar por la ventanilla los andenes grisáceos iluminados día y noche por unas farolas que parecían hastiadas de realizar su función. La única nota de color la daba un panel luminoso en el que parpadeaba  un rótulo de “Salida inmediata” con las letras en rojo.
De entre todos los transeúntes que pasaban por aquella penumbra sombría observé a  una mujer que me miraba fijamente haciéndome señas, no la reconocí de inmediato pues llevaba un sombrero tipo capelina. Bajé del vagón  y entonces, ya más de cerca, me apercibí que se trataba de la secretaria de don Justo.
— ¿Es usted Jacinto Reyes? Perdone que me haya acercado de esta manera.
—No hay nada que perdonar, lo que no comprendo es para que ha venido.




 En el rincón más luminoso, sentado tras una mesa de caoba ordenada sin duda por otro maniático como yo, se encontraba don Justo que, vestido con un traje azul marino, parecía un actor de cine de los años cuarenta con el pelo entrecano, copiosas entradas y un bigotillo pulcramente recortado; el único detalle que afeaba su semblante era el hueco que en su dentadura había dejado uno de sus incisivos. Según se rumoreaba en la oficina, lo había perdido en una reyerta en un bar de alterne. Observando su rostro amable, noble y respetable, no parecía creíble el chisme, sin embargo más de un compañero afirmaba haber sido testigo del suceso.
—Pase usted, no se vaya a quedar ahí como un pasmarote —con una media sonrisa me invitaba a sentarme —. Ya me han informado del  retraso que ha acumulado esta mañana. No me cabe la menor duda de que habrá sido justificado, conozco su trayectoria y seriedad en ese aspecto. No se preocupe no es por eso por lo que lo he llamado.
— ¿Entonces, qué es lo que ocurre?



Pasaron unos minutos hasta que el silbato del jefe de estación dio la orden de salida de aquella estructura vermiforme. Es simple el funcionamiento de un tren, el vagón que va delante tira del que le sigue. Este mecanismo tan sencillo no es aplicable a nuestras vidas porque,  por lo general, los que van delante no se preocupan de tirar de los que los que vamos detrás y, a su vez,  los que vamos en la cola no tenemos otra meta que posicionarnos en la cabeza sin importarnos los medios; esa es nuestra condición. Los vagones, mucho mejor avenidos, empezaron a desplazarse para, tras abandonar los túneles de Barcelona Sants, salir a la luz del día.
   A las seis y media de la tarde iniciamos el viaje, el color del paisaje se apagaba con las luces del ocaso, restaban escasos minutos para que fuera noche cerrada y una fina lluvia  empezó a caer con desgana. Salí del compartimiento y me asomé a las puertas todavía abiertas para respirar el aire del exterior; el cielo se iluminaba por la tormenta que se avecinaba y un profundo olor a tierra recién mojada inundó mis sentidos. Nos cruzamos con vagones de mercancías estacionados entre los que se encontraban trabajadores de Renfe con monos amarillos, brillantes por el agua que los mojaba. El tren se desplazaba  lentamente y el revisor se acercó para pedirme que me apartase porque era peligroso, cuando tomamos velocidad la puerta se cerró por el impulso del desplazamiento. Recortados sobre el cielo plomizo y oscuro vi los edificios que bordeaban los carriles, bloques de viviendas que  alzados sobre el desnivel  recordaban, vistos desde la ventanilla, a cíclopes asomados a una zanja por donde circulaban gusanos luminosos.
    Recorrí los vagones en dirección contraria a la marcha en busca de la cafetería. En los cristales se acumulaban gotas de lluvia que se movían al unísono como un banco de peces plateados en los mares del sur. Solo los chispazos de los rayos que caían sobre la tierra me permitían ver durante unos instantes el color y la belleza de la costa que íbamos bordeando.
La barra estaba llena, aun así conseguí un pequeño espacio donde con mis brazos establecí una frontera infranqueable, pedí una cerveza y una reserva para cenar en el restaurante a un chico que servía cafés y bolsas de patatas fritas.



—Verá, hemos acordado encargarle un caso delicado. Saldrá de la rutina que lleva  y tendrá la oportunidad de regresar a su tierra —la figura de don Justo se recortaba delante de una gran cristalera desde la que se observaba una magnífica vista de la villa olímpica; tengo comprobado que cuanto más alto es tu estatus, mejores vistas tienes en el despacho, conduces coches con más caballos y disfrutas de mujeres más hermosas, además de otros detalles en los que no voy a entrar por no afearles el día—. Mire usted, voy a ir al grano, no sé si leyó en la prensa cuando en el mes de septiembre en aguas del Estrecho, colisionaron dos buques fletados por Hispania. Uno de ellos el Mesana procedía de Ámsterdam repleto de emigrantes marroquíes, el otro el Alejandría, un carguero, había partido del puerto de Tánger. Flandes, compañía de seguros, y no lo olvide nuestro mejor cliente, es la aseguradora de ambos barcos, fíjese bien, dos buques, un solo armador y una sola compañía de seguros, vaya tomando nota —estuve por un momento descolocado ya que no sabía si me estaba pidiendo de una forma literal que buscara un bolígrafo y un bloc para apuntar lo que me iba diciendo, ajeno a mis dudas continuó con su exposición—. Desde hace unos días, el Mesana, el más perjudicado de ambos, está fondeado en la dársena para desguaces del Puerto de Santa María. Aquí es donde va a intervenir usted, pues hemos decidido que se desplace  hasta allí  para realizar un peritaje completo del estado en el que se encuentra. Partiendo de ese estudio la compañía de seguros realizará las indemnizaciones a los afectados. Este es un asunto donde se va a mover bastante dinero, cifras de muchos dígitos, por eso el consejo directivo, con don Fabricio al frente, confía en que usted desempeñará su función con objetividad, sin olvidar nuestros intereses. Dejando a un lado lo puramente comercial volverá a su tierra después de...
—Mucho, mucho tiempo, acabo de cumplir los cincuenta y vivo en Barcelona desde los ocho años, regresé a Jerez para estudiar derecho y me marché definitivamente de allí, en el 86... Pero, ¿cómo conocen esos detalles?
—Esta es una empresa pequeña y todo se sabe— dando por zanjado mis asuntos personales prosiguió—. Yo  nunca he dudado de su profesionalidad, nos gustaría que partiese de inmediato, hoy o como muy tarde mañana, como siempre correremos con los gastos cuando nos presente las facturas. En administración he dado orden de que le preparen un cheque de 6.000 euros junto con la documentación necesaria.
Con un gesto de su mano me indicó que me retirara.



La luz del vagón restaurante era más tenue y agradable que la del resto del tren. Miré a mí alrededor y vi las mesas dispuestas a ambos lados del pasillo ocupadas por comensales que cenaban en compañía, yo era el único que lo hacía en absoluta soledad. Pensé en lo difícil que me resultaba hacer amigos, con tristeza tenía que confesar que me había quedado sin ninguno. Los escasos que figuraban como tales lo eran de mi ex mujer y, después de la separación hemos perdido el contacto; supongo que se han cansado de mi desidia.
Me sirvió una camarera morena y atractiva con un delantal negro que le llegaba hasta los tobillos, camisa blanca y pajarita. Lucía un corte de pelo que le realzaba su hermoso cuello.  Me trajo la carta y pedí un plato de pescado a la plancha; soy alérgico a los mariscos y a los frutos secos, es por eso por lo que le pregunté si algunos de esos ingredientes los utilizaban en su elaboración. Tras consultar con la cocina me dijo que no había ningún problema, crucé los dedos para que estuviese en lo cierto. De haber tenido una reacción anafiláctica, gracias a Dios no ocurrió, no me hubiese importado que fuese ella la que me aplicase el boca a boca para salvar mi vida. No recuerdo su nombre a pesar de que lo llevaba escrito en una tarjeta identificadora colgada de la camisa cerca de la prominencia de sus pechos; lo que no he olvidado es su sonrisa y su amabilidad, sus dientes blancos y sus labios rojos. La volví a llamar para pedirle el primer güisqui de la noche.



He de reconocer que la despedida de don Justo fue seca, incluso brusca. La información que me había proporcionado era exigua,  sin embargo confiaba ampliarla con el dossier que me habían entregado. En mi fuero interno pensaba que mis jefes depositaban en mí unas expectativas en exceso generosas ya que nunca me había enfrentado a un sumario de la envergadura del que me habían acabado de asignar. No me duelen prendas reconocer que mi experiencia fuera del despacho se limitaba a la tasación de rozaduras de yates en las labores de atraque en los pantalanes de los puertos de la Costa Brava y poco más.
 Llevaba sin salir de Barcelona demasiado tiempo, ni por trabajo ni por vacaciones, ni por salud, ni por enfermedad, la propuesta de visitar de nuevo la costa de Cádiz no dejaba de ser muy atractiva. Si quería partir de inmediato como me había instado don Justo lo primero que tenía que hacer era decidir que medio de transporte iba a utilizar, descarté el avión que, aunque más veloz, es en exceso vulgar. Dada mi afición a los ferrocarriles, la elección estaba clara, tenía la excusa perfecta para tomar el “Antonio Machado”,  talgo nocturno que recorre de cabo a rabo  la península Ibérica hasta llegar a Cádiz.
El Mesana se encontraba anclado en El Puerto de Santa María, a pesar de ello mi base logística no la iba a plantar allí si no unos kilómetros más en el interior, en Jerez, lugar donde nacieron mis padres y donde mis padres, a su vez, me concibieron. Todavía, al día de hoy, una tía, hermana de mi madre, ha conseguido burlar la muerte y sigue viviendo en la misma casa en la que yo me alojé en los cinco años que duró mi fracasada experiencia en la facultad de derecho. El resto de mis antepasados, menos apegados a los sinsabores de la existencia, reposan ya por los siglos en el camposanto de la Merced.



La visita inesperada de la secretaria de Don Justo me dejó más que intrigado. Antes de seguir debo precisar que aún a día de hoy desconozco como se llamaba, así que, para evitar mentar a mi jefe cada vez que me refiero a ella, es por lo que he decidido apodarla Carmen, nombre que no debe de responder al verdadero. Me permito esta licencia, la única que hallaréis en el relato.
Se había acercado hasta la estación para entregarme una tarjeta de crédito que había olvidado recoger por la mañana en recepción, antes de que pudiera agradecerle el detalle me advirtió que tuviese mucho cuidado. Sorprendido le pregunté a qué se refería:
—He oído comentarios y mi olfato me dice que hay gato encerrado en el trabajo que te han encargado. Durante la semana se han celebrado dos reuniones importantes entre los directivos de Flandes y el armador de los buques, y están  inquietos. Este no es un peritaje cualquiera, puedes estar seguro, llevo muchos años en la compañía y es la primera vez que veo caras tan preocupadas. También han contratado a un investigador privado, no me preguntes para qué.
No se lo pregunté y sin saber que añadir le di las gracias. Permaneció en el andén hasta que partí, de forma inesperada tuve una mujer a la que decir adiós, si la máquina del talgo hubiese sido de aquellas antiguas de vapor, por ejemplo una de las míticas Mikado que adquirió Renfe en los años cincuenta,  la despedida hubiera sido similar a las que protagonizaban las estrellas de Hollywood en las películas de mediados del siglo pasado.
Volví a la realidad en el vagón restaurante cavilando cuántos trenes parecidos al que yo había tomado circularían esa noche por España. La bocina de la “252”  silbaba como manda el reglamento al atravesar los pasos a nivel, dos pitidos largos seguido de uno corto. A pesar de las medidas de seguridad todos los años mueren peatones atropellados por estas locomotoras eléctricas ya que, si el viento sopla en contra, no se las oye, lo único que advierte de su llegada es un suave rumor de la catenaria producido por el roce con el pantógrafo, un sonido similar al que originan unos alambres al tensarse, sonido por cierto que ha sido el ultimo que han escuchado los desdichados que han osado ponerse en el camino de estas máquinas vigorosas, incansables y, según en qué circunstancias,  sigilosas y asesinas.



Antes de abandonar mi oficina, llamé por teléfono para reservar habitación en el hotel más caro de la ciudad. Creo que no erraba al pensar que había llegado la hora de que mi compañía se mostrase generosa conmigo tras largos años de honesto trabajo. Como contrapartida, yo no me retrasaría y partiría esa misma noche. Pasé por recepción para recoger el cheque y la documentación que estaba preparada en una bonita carpeta de cuero marrón.
Me dirigí ilusionado e impaciente a mi casa para hacer el equipaje, cerrar a continuación la puerta y perder de vista durante unas semanas hasta mi propia sombra. Previamente llamé a Antonio, el único “amigo” de aquellos años en la universidad de derecho con el que había mantenido un pequeño contacto, me apetecía verlo y de alguna manera reavivar un vínculo que en algunos momentos de mi etapa de estudiante fue intenso. Guardaba su número de teléfono y hablé con él, se alegró mucho de oírme, acordamos que nos pondríamos en contacto una vez que hubiese llegado a la ciudad.



Pedí un segundo güisqui y le pregunté a la camarera por el horario de cierre del restaurante, me contestó, con una sonrisa, que no tuviera apuro, que me tomase la copa con tranquilidad. Preocupado pensaba en el trabajo que me habían encargado, un barco al igual que un tren puede avanzar en silencio, así debió de ocurrir en el accidente que iba a investigar donde la quilla de uno de ellos penetró en el casco del otro como un cuchillo o una bala entra en un cuerpo, con suma facilidad.
 Sobre las doce de la noche  pedí la cuenta y la factura a la camarera. Con un trazo seguro y enérgico de mi pluma estilográfica, firmé el recibo y a punto estuve de preguntarle si le apetecía charlar un rato en mi compartimento donde había sitio de sobra para los dos, no lo hice, ni tan siquiera le di las gracias por lo bien que me había atendido, sin duda fue timidez o miedo al ridículo o ambas cosas a la vez, el caso es que tristemente suelen ocurrirme estas indecisiones.
Frustrado por mi nulo arrojo, me dirigí a  mi vagón. Los pasillos de los trenes son tan estrechos que la marcha en zigzag, por más copas que hayas tomado, es imposible. Agradecido por la obviedad alcancé casi a rastras mi litera, eché el cerrojo, me desnudé y me tumbé. No cerré la cortinilla, no hacía falta porque no se veía nada, solo de tarde en tarde se producía  un vacío y las luces de otros vagones con los que nos cruzábamos o semáforos en rojo que dejábamos fugazmente a la cola, iluminaban la estancia.



Veinte años atrás realicé en sentido inverso el mismo trayecto. Volvía en un destartalado tren a casa de mis padres, en Barcelona, con un profundo amargor en el alma después de que mi relación con Alicia se hubiera roto definitivamente. Desecho por el dolor, sin ninguna esperanza de volver a estar con ella, tan solo ambicionaba alejarme de su recuerdo, así que decidí dejar la carrera de derecho, tras cinco años de fracasos y suspensos, para regresar a Cataluña y dedicarme profesionalmente a la fotografía; ese proyecto fue lo único que me salvó de morir asfixiado en el vomito de mi propia angustia.
 El hermoso cuello de la camarera me había hecho recordar a mi ex novia, lo que son las cosas, aunque si soy sincero no necesito ningún estímulo para acordarme de ella pues, en todo este tiempo no he conseguido arrojarla de mi memoria y su imagen sigue adherida a mis meninges, como un polvo oscuro depositado sobre los muebles de una habitación abandonada. Ni tan siquiera mi boda con la Montse consiguió que la olvidara ni un solo día.
La locomotora parecía dar las horas con sus silbidos lejanos, las horas pasadas, las presentes y las venideras.




En todos mis viajes, que son muy escasos, llevo en mi maleta una botella de güisqui. Con ella me siento acompañado y protegido, como si me proporcionara una armadura de cristal; frágil protección me dirán y no les faltaría razón. No necesito vaso para beber, lo hago a morro. Encendí la luz de la mesita de noche y abrí la carpeta con la documentación sobre el accidente con la intención de informarme al dedillo de cuales habían sido las circunstancias en las que se había producido. De los datos que memoricé, al día siguiente solo recordaba uno, el más llamativo: habían muerto cinco viajeros que iban a bordo del Mesana. Don Justo había pasado por alto ese detalle. Por lo general disfruto de una buena memoria, sin embargo mi amnesia en esa ocasión estaba más que justificada, ya que esa noche había apurado con tragos pequeños y rítmicos la mitad de las reservas de alcohol que contenía mi fiel compañera. Caí dormido o más bien anestesiado, con los papeles desparramados por el suelo. El resto de la botella, con los vaivenes del tren, se vertió sobre la moqueta. La luz de la lamparita permaneció encendida velando mis sueños



 Quiero hacer en este punto un paréntesis para señalar que no acabo de creer que esté sentado en el despacho de mi empresa iniciando el relato de los terribles acontecimientos ocurridos en Jerez. Dado el cariz que éstos tomaron, en más de una ocasión puse en duda si volvería a Barcelona con vida. Razones oscuras en mi interior me hacen escribir sin tregua burlando la mirada de mis jefes inmediatos para descargar mi alma del profundo peso que la aflige,



Hasta que no dejamos atrás la estación de Sevilla no desperté, ya había amanecido y al asomarme por la ventanilla divisé un paisaje llano de tierras de labor en el que solo destacaban unas lomas lejanas cubiertas por hierba verde. El día estaba nublado aunque no llovía. Me vestí y desayuné en la cafetería, no vi a la chica de la noche anterior y regresé a mi compartimento cansado. El café que tomé entonó mi cuerpo, aun así el exceso de güisquis me estaba pasando cuenta. No salí al pasillo hasta que no llegué a mi destino. Bajé al andén y volví a contemplar la estación que había abandonado de forma apresurada veinte años atrás, estaba igual que la aciaga noche en la que me marché, tan solo unos ascensores acristalados habían sido incorporados a su infraestructura construida en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera. Este edificio rematado por una imponente cubierta metálica si era de mi agrado, al contrario que el de Sants. En los mentideros y hasta en las guías turísticas se le atribuía al propio Eiffel, rumor falso que corría por el  pueblo para darse una categoría que no necesitaba. Cargado con mi maleta crucé el vestíbulo para dirigirme a la calle, al salir me detuve un instante y me apercibí de más cambios, los cascos bodegueros que estaban enfrente habían desaparecido y en su lugar se alzaban unos bloques altos de viviendas.
Pedí un taxi y le di la dirección del hotel al chófer. Había llegado más fatigado de lo que pensaba, hacía tan solo veinticuatro horas estaba apresado en el atasco de una  autopista de Barcelona y ahora me reencontraba con la ciudad de mis padres y de mi familia. No tenía ni idea de lo que me esperaba.

viernes, 20 de abril de 2012

PRIMER CAPÍTULO DE AGUA SUCIA


Os ofrezco en primicia el primer capítulo de Agua Sucia.

Jerez de la Frontera, lunes 17 de marzo de 1986



Metrónomo: Máquina a manera de reloj para medir el tiempo e indicar el compás de las composiciones musicales.
Aquel aparato me obsesionaba y en realidad no era un metrónomo, yo lo llamaba así porque al presionar el interruptor de la luz, saltaba el resorte del temporizador provocando un sonido similar al del artilugio musical, tic, tac, tic, tac…
El pasillo era tan largo como oscuro y  nuestro apartamento era el más alejado de la escalera, de modo que daba igual que fuera de día o de noche, ya que cada vez que llegaba tenía que disponerme a oír aquel traqueteo rítmico marcando mis pasos hasta que sacaba las llaves y abría la puerta. Entonces la luz proveniente del ventanal del salón me deslumbraba.
También lo tenía presente de madrugada en mis noches insomnes cuando un vecino entraba o salía. En el dormitorio, con los ojos abiertos como platos martilleaba con los dedos el cabezal de la cama  procurando no pensar para conciliar el último sueño escuchando aquel cacharro como si estuviera instalado en el interior de mi cerebro marcando, también, el ritmo de mis pesadillas.
Recuerdo con claridad aquel lunes diecisiete de marzo de mil novecientos ochenta y seis pues fue la última vez que lo oí. Aproveché que se había marchado para dejarle una nota encima de la cama informándole que me iba esa misma noche a Barcelona  para no aguantar más su indiferencia y sus desplantes. Eché un último vistazo a la cocina, al dormitorio y cerré la puerta con el firme propósito de pasar página. Entré en el ascensor y vi mi imagen reflejada en el espejo y recordé la primera vez que subí en él, cercado por los brazos de Alicia que me besaba y prometía no dejarme jamás. Viví con ella en aquella casa un año, en tan solo doce meses había vuelto a perderla. Presioné el botón de la planta baja, al tiempo que se extinguía el tic, tac, tic, tac, para siempre.


Y a partir de hoy en Amazon y otras plataformas. Indicaré los enlaces en cuanto estén preparados.
             

viernes, 13 de abril de 2012

Agua Sucia publicada en IBuku

 Agua Sucia ya está a la venta en la colección Ibuku de la editorial Leer-e.

 Para los que estais interesados os doy enlace de La Casa del Libro donde descargarla.
 Hasta  el jueves de la semana que viene solo se podrá encontrar aquí http://www.casadellibro.com/ebook-agua-sucia-ebook/9788415551775/1982034
Antoine Sartre muere arrollado en la estación de metro de Denfert Rochereau en París. La policía francesa en sus investigaciones concluye que ha sido un suicidio. Lejos están de imaginar que este hecho luctuoso está relacionado de forma directa con la colisión del Alejandría y el Mesana en aguas del estrecho de Gibraltar unos meses atrás
Jacinto Reyes, perito especializado en accidentes marítimos, cincuentón, bebedor, recién divorciado y un tanto escéptico con lo que le pueda deparar la vida, es enviado para tasar los desperfectos producidos en el Mesana. Lo que parecía a priori una investigación rutinaria se complica de manera espectacular por la aparición de una red mafiosa que intentará ocultar un secreto que atesora uno de los barcos implicados. Sin embargo no va ser éste su mayor reto porque en ese viaje, en el que regresa a la ciudad en la que pasó su juventud, tendrá que enfrentarse a una mujer a la que conoce demasiado bien, Alicia.


miércoles, 11 de abril de 2012

Agua Sucia

Mañana 12 de abril es el día. Espero que os la descarguéis.

viernes, 30 de marzo de 2012

Agua Sucia

Fecha definitiva de publicación jueves 12 de abril. Seguiré informando.

domingo, 25 de marzo de 2012

Agua Sucia

 En una o dos semanas se publicará, por fin. Agua Sucia, mi primera novela. Será en digital y la podréis encontrar en la principales plataformas  ya que no lo hago por libre si no con una editorial. Me han pedido un poco de discreción así que cuando esté todo amarrado os daré más detalles y colgaré la portada así como un booktrailer que me estoy fabricando.
 Parecía que no iba a llegar nunca pero ya veis.
Un saludo a todos mis seguidores.